¿Qué es la inteligencia artificial?

Si escuchamos hablar de inteligencia artificial aún nos suena a futuro, y nada más lejos de la realidad, puesto que convivimos con ella en actividades de lo más cotidiano. Cualquier día, al levantarnos, podemos preguntar a Siri o Alexa qué tiempo va a hacer o si hay retenciones en el recorrido hasta el trabajo; mientras nos preparamos para salir ponemos el aspirador automático a funcionar; tras leer una noticia en cualquier red social podemos pedir a Google que nos traduzca una frase o artículo; en el coche tenemos sistemas de control de cambio de carril, frenada de emergencia o reconocimiento de señales, y al llegar al trabajo vemos robots en las líneas de montaje o como el correo electrónico identifica spam…

En todas estas actividades, y en mucha más, hacemos uso de una tecnología que está llamada a revolucionar el mundo en los más diversos sectores de actividad. Pero… ¿qué es la inteligencia artificial? Definida de manera sencilla, son aquellos desarrollos tecnológicos que infunden a las máquinas capacidades similares a las desarrolladas por los seres humanos, como el aprendizaje, el razonamiento, la visión… todo con muchos matices pero, en lo esencial, se trata de cualidades equiparable a nivel funcional para el desarrollo de diversas tareas.

Ahondando un poco más en los ejemplos puestos en un principio, los asistentes personales, tan de moda ahora mismo, reconocen nuestras palabras para dar respuesta a nuestras dudas o conversaciones; los aspiradores autónomos detectan obstáculos y reaccionan para esquivarlos, y los sistemas de reconocimiento de señales, por ejemplo, localizan los avisos de tráfico, los identifican y nos alertan sobre las indicaciones que ofrecen. Todas estas acciones constituyen réplicas, generadas mediante algoritmos, de las capacidades que tenemos las personas de interactuar con nuestro entorno y resolver problemas.

Aplicaciones en todos los sectores

Estos casos son sencillos pero la Inteligencia Artificial tiene enormes potencialidades en todos los sectores de actividad: industria, sanidad, educación, movilidad y un largo etcétera. Ya existen vehículos autónomos, las máquinas identifican con altísimos grados de eficiencia patología en radiografías, buscan alternativas a medicamentos contra bacterias en unas pocas horas (tarea que requería de meses de desarrollos), y llevan a las más altas cotas de efectividad a la industria a través de sistemas de predicción de la demanda y mantenimiento predictivo, por ejemplo.

La conjugación de big data e inteligencia artificial está propiciando el rápido desarrollo de esta última. La capacidad actual de compilación, análisis y gestión de datos es brutal, lo que permite llevar a la inteligencia artificial a las más altas cotas de operatividad en cualquier sector. Cuantos más datos de calidad se puedan conseguir y tratar, mejor serán las capacidades que podremos infundir a las máquinas. Más y mejores datos, más y mejores sistemas de inteligencia artificial.

Cuatro tipos de inteligencia artificial

En 2009 Peter Norvig y Stuart Russell diferenciaron cuatro tipos de inteligencia artificial en base a sus funcionalidades. De este modo, aluden a sistemas que actúan como humanos, en este caso el ejemplo es clarísimo, los robots; sistemas que piensas como humanos, aquí entran en machine learning y sus redes neuronales artificiales; sistemas que piensan racionalmente, como los sistemas experto, que emulan el razonamiento de un profesional en materias determinadas, y sistemas que actúan racionalmente, como los agentes inteligentes, capaces de valorar contextos para actuar en consecuencia.

De esta clasificación se deduce, como ya hemos adelantado, que la inteligencia artificial permite que los ordenadores perciban el entorno para el que han sido programados y, en base a sus circunstancias concretas, resuelvan los problemas que se les planteen de forma autónoma, a través del procesamiento de los datos que captan y conocen. Y aquí está su gran ventaja, la AI percibe una realidad para la que se le ha programado, la analiza, explora las diferentes opciones a su alcance, ofrece una solución al respecto, y, en muchos casos, aprende de esta experiencia para mejorar las siguientes. Es decir, es capaz de modificar su comportamiento en función de situaciones concretas con respuestas aprendidas.

Como vemos las aplicaciones son infinitas en todos los sectores. Los próximos años vamos a vivir una explosión de los sistemas de inteligencia artificial, ya iniciada, que nos van a ayudar a aumentar la eficiencia en cualquier tipo de actividad. A nivel empresarial, quien no se suba al carro de los innumerables avances que se están dando en este sentido dejará de ser competitivo. La tecnología evoluciona y tenemos que evolucionar con ella.

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